La mujer en las epístolas de Pablo de Tarso

De testwiki
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Mosaico bizantino que representa a San Pablo con un códice (libro) bajo su brazo izquierdo, que simboliza el corpus de sus epístolas. San Salvador en Chora, en Estambul.

El tema de la mujer en las epístolas de Pablo de Tarso constituye una materia de importancia en el debate teológico, antropológico y eclesiológico contemporáneo acerca del papel de la mujer en el cristianismo primitivo y en la Iglesia, porque las epístolas paulinas auténticas, escritas apenas 20-25 años después de la muerte de Jesús de Nazaret, y probablemente antes incluso de la redacción de los evangelios en su versión definitiva conocida hoy, forman parte de la documentación más antigua del Nuevo Testamento por lo que resultan una fuente ineludible en cualquier análisis sobre los inicios del cristianismo.[1]

A partir de la investigación de los textos estrictamente paulinos y comparando con referencias que reflejan la posición que ocupaba la mujer en la sociedad judía y romana del Plantilla:Siglo, surge que el apóstol san Pablo valoró el papel cualificado que desempeñaron muchas mujeres por él conocidas en el marco de las primeras comunidades cristianas. El pensamiento del Apóstol mostró además en qué sentido superó la distinción de los sexos, que para él quedó abolida de la misma forma que las divisiones de orden racial o social: «Ya no hay varón ni mujer, todos sois uno en Cristo Jesús» (Epístola a los gálatas 3,28).Plantilla:Harvnp

Reseña sobre la situación de la mujer en el Plantilla:Siglo

En la sociedad judía

Plantilla:Imagen múltiple

Existe abundante literatura que permite afirmar que, en las culturas de Oriente en general y en la judía en particular, la mujer del Plantilla:Siglo no participaba en la vida pública.[2] Debía pasar inadvertida en público y las reglas de la buena educación prohibían encontrarse a solas con una mujer, mirar a una mujer casada e incluso saludarla.[3] La mujer no tenía acceso al estudio de la Escritura, se la recluía en un patio especial para ellas en el templo –el llamado «atrio de las mujeres»–, y en la sinagoga debía limitarse a escuchar. Su condición se refleja en la siguiente descripción:

Plantilla:Cita

En la cultura judía resultaba preferible que la mujer joven no saliese de la casa antes de su matrimonio, o incluso después, tal lo señalado en la primera mitad del Plantilla:Siglo por el filósofo Filón de Alejandría.

Plantilla:Cita

Además, Filón comentó que también las mujeres judías de Alejandría estaban recluidas: «no sobrepasan la puerta del patio. En cuanto a las jóvenes, están confinadas en los aposentos de las mujeres y evitan por pudor la mirada de los hombres, incluso de los parientes más cercanos» (In Flaccum 11, § 89.).

Las mujeres israelitas adolescentes también podían ser sujetas a transacciones de compra-venta:

Plantilla:Cita

En la sociedad romana

Fresco que representa a una mujer con bandeja, en Villa San Marco, en Estabia. Si bien la mujer de la aristocracia romana participaba de actividades sociales, casi no tuvo acceso a los principales officia virilia.

Las mujeres pertenecientes a la aristocracia romana y económicamente independientes tenían acceso a la cultura y podían participar en actividades propias de la vida social y comercial. Sin embargo, la mujer romana en general estuvo privada de los derechos conferidos a los varones, sin acceso a los principales officia virilia. La expresión latina refería a aquellos cargos, empleos u ocupaciones que se consideraban propios del varón, es decir, que detentaban carácter viril o masculino. Las mujeres estaban inhabilitadas no sólo para participar directamente en el gobierno del Estado, sino para desarrollar cualquier tarea «viril».

Plantilla:Cita

Para ello se promulgó un conjunto de prohibiciones que inhibían la participación de la mujer en la vida militar, política, o religiosa,[4] con lo que se evitó que la mujer asumiera officia publica que implicaban responsabilidades para el conjunto de la sociedad. Más que una virtud, los romanos consideraban el «callar» como un deber para las mujeres.[5]

La costumbre de que la mujer romana no pudiera desempeñar officia publica permaneció en los siglos siguientes. Ejemplo de ello es la mención por parte del jurista romano Paulo, quien ejerció su carrera a fines del Plantilla:Siglo y comienzos del Plantilla:Siglo, de que las mujeres —junto con los esclavos— no podían detentar el cargo de juez en razón de las costumbres.

Plantilla:Cita

Las mujeres romanas estaban presentes en la mayoría de los festivales y ceremonias del culto. Algunos rituales requerían específicamente la presencia de la mujer, pero su participación activa era limitada. Por regla general, las mujeres no realizan sacrificios de animales, rito central de la mayoría de las ceremonias públicas más importantes.Plantilla:Harvnp Además de los ritos realizados por las vestales, cuyo contado número habría variado en el tiempo entre dos y seis,[6] existían ciertas prácticas de culto reservadas sólo para mujeres: tal el caso de los ritos de la Bona Dea en los que solo las mujeres tomaban parte.[7]Plantilla:Harvnp Con todo, los cultos familiares eran presididos por el pater familias,[8] quien además decidía si su hija debía permanecer bajo su poder o si pasaría a ser tutelada por otro hombre. La religión se transmitía a través de los varones, y el pater familias hacía las veces de sumo sacerdote en el hogar.[9]

En el cristianismo de origen

Cristo y la mujer samaritana, obra de Stefano Erardi, expuesta en el National Museum of Fine Arts, Valletta, Malta. Una amplia variedad de textos neotestamentarios tienen a mujeres como figuras destacadas.

Plantilla:AP

A diferencia del ambiente propio de su época, los estudiosos bíblicos Stagg y Stagg (1978) y Bilezikian (1989) no encuentran ningún caso registrado donde Jesús de Nazaret haya deshonrado, menospreciado o estereotipado a una mujer. Por el contrario, en los evangelios canónicos se registran muchos ejemplos de las actitudes de Jesús hacia las mujeres y de la forma en que repetidamente las liberó y afirmó, resistiendo los contextos imperantes que hacían de la mujer un objeto.[10][11] Jesús enfatizó la valoración de las mujeres a través de su estima por ellas, tanto en su vida como en su enseñanza; reconoció la igualdad intrínseca de los varones y de las mujeres, mostró continuamente el valor y la dignidad de mujeres como personas, y valoró su compañerismo, oraciones, servicio, apoyo financiero y testimonio.[10][11]

Desde el comienzo de la Iglesia cristiana primitiva, las mujeres fueron miembros relevantes del movimiento aunque algunos autores sostienen que buena parte de la información referida a la participación de las mujeres en el Nuevo Testamento no fue suficientemente considerada.[12][13] Los investigadores han iniciado la búsqueda en mosaicos, frescos e inscripciones de la época con el fin de obtener más información acerca de los roles de la mujer en la Iglesia primitiva.[12] Otros autores sugieren que una amplia variedad de textos neotestamentarios destacan el papel que tuvieron las mujeres, tanto en vida de Jesús de Nazaret como en las primeras comunidades.[14] Según Joseph Ratzinger, se trata de «[...] numerosas figuras femeninas que desempeñaron un papel efectivo y valioso en la difusión del Evangelio. [...] En el ámbito de la Iglesia primitiva la presencia femenina tampoco fue secundaria».[15] Además de María, madre de Jesús, aparecen numerosas personalidades femeninas en los Evangelios, como por ejemplo, el grupo de miróforas que le siguieron durante su ministerio, estuvieron al pie de la cruz, y fueron testigos de su Resurrección. Sin embargo, se debe a Pablo de Tarso una documentación más amplia sobre la dignidad y el papel eclesial de la mujer.[15]

Mujeres mencionadas por Pablo de Tarso en sus epístolas

En la Epístola a los filipenses, Pablo mencionó a Evodia y Síntique, dos mujeres cristianas principales que habían defendido junto a él el evangelio (Plantilla:Biblia).

La Epístola a los romanos brinda un panorama bastante detallado de la misión apostólica de Pablo de Tarso, e indica que entre sus colaboradores se contaban muchas mujeres.[16] En la profusa lista de aquellos a quienes se envían saludos en Plantilla:Biblia aparece un amplio número de colaboradores de Pablo durante su misión en Éfeso, entre los que se mencionan expresamente hasta nueve mujeres.[17] Más aún, Pablo tomó como sitio central de su misión al hogar, lugar donde más sobresalía la tutela de la mujer.[18] Eso coadyuvó a que las comunidades cristianas paulinas se distinguieran por un carácter típicamente familiar.[19]

Elogio a Febe

Pablo elogió a Febe, probable portadora de la Epístola a los romanos, por su trabajo como diaconisa:

Plantilla:Cita

Elogio a Junia

Representación de Andrónico, Atanasio y Junia

Otro ejemplo muy estudiado es el caso de Junia o Junias (Plantilla:Biblia), de quien la mayoría de los comentarios de los Padres de la Iglesia y de otros teólogos antiguos consideran se trata de un personaje femenino.[20] Si bien existen teólogos modernos que consideran que Junias es un nombre masculino,[21] Benedicto XVI también lo incluyó entre los nombres de mujer:

Plantilla:Cita

De Junia o Junias, Pablo de Tarso dice que era «ilustre entre los apóstoles» y que llegó a Cristo antes que él.Plantilla:Harvnp Otros autores proponen que Pablo significó que era «bien conocida por los apóstoles».[22]

Elogio a Priscila

Otra personalidad notable mencionada por Pablo es Priscila o Prisca, mujer de Áquila. Los Hechos de los Apóstoles sugieren que estos esposos mantuvieron una gran amistad con Pablo, al punto que fueron capaces de levantar su tienda y partir con él desde Corinto a Éfeso y luego ir a Roma —de donde habían sido exiliados previamente por un edicto del emperador Claudio— para preparar la llegada del Apóstol. En Éfeso fueron ellos quienes, en una intervención riesgosa, habrían logrado la liberación de Pablo,[23] lo que justificó el encomio del Apóstol:

Plantilla:Cita

Tanto el texto de Plantilla:Biblia como varias de las referencias que de Priscila se hacen en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Plantilla:Biblia; Plantilla:Biblia) y en la Segunda epístola a Timoteo (Plantilla:Biblia) se la cita en primer lugar antes que a su marido, por lo que algunos estudiosos llegan a sugerir que ella sería la cabeza de la unidad familiar.[24] En realidad, el orden de citación no es uniforme, porque en otro lugar Pablo nombra a Priscila en segundo término, después de su esposo (Plantilla:Biblia), y lo mismo sucede en el libro de los Hechos (Plantilla:Biblia, Plantilla:Biblia). Esto sugiere un orden de mención indistinto, quizá sobre la base de un principio de igualdad en la dignidad del varón y de la mujer, propugnado en las comunidades paulinas.[19]

La mujer en la Primera epístola a los corintios

Mujer orante con velo, Catacumbas de Priscila, Roma.

Según Giancarlo Biguzzi, el movimiento feminista acusó en el pasado a ciertos textos y escritores bíblicos de mantener una posición hostil hacia las mujeres, y a Pablo de Tarso de ser misógino y antifeminista.[25]

Varios pasajes que aluden a las mujeres se encuentran en la Epístola a los efesios y en las llamadas cartas pastorales (particularmente la Primera epístola a Timoteo) pero en la actualidad esos escritos son considerados por la mayoría de los estudiosos como epístolas pseudoepigráficas o deuteropaulinas, redactadas probablemente por otros autores,[26]Plantilla:Harvnp con lo que pueden ser útiles para el análisis de la variedad de concepciones presentes en el cristianismo primitivo, más que del pensamiento propio del Apóstol.

En el contexto actual, los textos paulinos más controvertidos serían dos pasajes: 1 Corintios 11,2-16, que hace referencia al atavío de las mujeres, y 1 Corintios 14,34-36, que indica que las mujeres han de permanecer en silencio en las asambleas.

1 Corintios 11,2-16

La mayoría de los estudiosos en temas paulinos considera a Plantilla:Biblia como un pasaje de difícil comprensión, e incluso en apariencia contradictorio.[27] Esto, debido a que al comienzo señala:

Plantilla:Cita

Pero más adelante indica:

Plantilla:Cita

Según Murphy-O’Connor, la idea central de Pablo es la diferenciación entre varones y mujeres, no el dominio de los unos sobre las otras.[28] La Biblia de Jerusalén señala que la argumentación de Pablo está en íntima dependencia de las costumbres con las que está habituado, lo cual relativiza sus conclusiones.Plantilla:Harvnp En el mismo sentido, Barbablio sugiere que, «si los dos sexos son diferentes, y de hecho lo son por creación y naturaleza, (para Pablo) tal diversidad debe traducirse en lo exterior».[29] Vidal indica que en realidad se trataba de un problema gestual, porque la comunidad corintia equiparaba su celebración con otras celebraciones religiosas de su ambiente pagano, por lo cual Pablo no estaría proponiendo el dominio del varón sobre la mujer, sino evitar ciertas costumbres propias del mundo helenista.[30] En su explicación, Pablo habría cortado varias veces su argumentación hasta dar por válido solamente el principio sobre la igualdad de rango entre el varón y la mujer (Plantilla:Biblia) y la práctica de las comunidades (Plantilla:Biblia).[31]

Por su parte, la filósofa Edith Stein señaló que el pasaje se relaciona con las costumbres de la época en que Pablo vivió, por lo cual no resulta vinculante para todos los tiempos:

Plantilla:Cita

1 Corintios 14,34-36

Respecto de Plantilla:Biblia, se estima con frecuencia que no es un frase genuinamente paulina, sino que se trata de una interpolación posterior.[32] En cualquier caso, la totalidad de la Primera epístola a los corintios parece ofrecer un conjunto diferente al de esos versículos aislados. Plantilla:Cita

Benedicto XVI señala que «[...] hay que relativizar la sucesiva y conocida exhortación: "Las mujeres cállense en las asambleas"(Plantilla:Biblia)», ya que Pablo de Tarso admitía como algo normal que en la comunidad cristiana la mujer pudiera profetizar (Plantilla:Biblia), es decir, hablar abiertamente bajo el influjo del Espíritu.[15]

La mujer en la Epístola a los gálatas

Comienzo de la Epístola a los gálatas, en un manuscrito ilustrado que se utilizó en la liturgia.

En un versículo de la Epístola a los gálatas, Pablo de Tarso expone las consecuencias raciales y religiosas, sociales y humanas del mensaje que predica:

Plantilla:Cita

En expresión de Joseph A. Fitzmyer, «este versículo constituye el punto culminante de la carta de Pablo».[33] Los análisis de este versículo son abundantísimos. Con todo, el marco histórico-cultural en que Pablo lo escribió parece un elemento necesario para su comprensión. Juan Leal lo expuso así:

Plantilla:Cita

El teólogo alemán Gerd Theissen señaló que solo se puede medir la dimensión del avance que este versículo significó en el Plantilla:Siglo si se consideran las diferencias sociales que menciona.[34]

Véase también

Referencias

Plantilla:Listaref

Bibliografía

Enlaces externos

Plantilla:Control de autoridades

  1. Plantilla:Cita Harvard «Sus cartas auténticas, todas ellas escritas al ritmo de la problemática misional, surgieron entre los años 50 y 55, es decir, entre veinte y veinticinco años después de la muerte de Jesús. Son, así, los únicos escritos que se conservan de la primera generación cristiana. Y, de este modo, representan los documentos clave y absolutamente imprescindibles para la reconstrucción del movimiento cristiano más antiguo.»
  2. Plantilla:Cita Harvard «Cuando la mujer judía de Jerusalén salía de casa, llevaba la cara cubierta con un tocado que comprendía dos velos sobre la cabeza, una diadema sobre la frente con cintas colgantes hasta la barbilla y una malla de cordones y nudos; de este modo no se podían reconocer los rasgos de su cara. Por eso una vez, según se dice, un sacerdote principal de Jerusalén no reconoció a su propia mujer al aplicarle el procedimiento prescrito para la mujer sospechosa de adulterio. La mujer que salía sin llevar la cabeza cubierta, es decir, sin el tocado que velaba el rostro, ofendía hasta tal punto las buenas costumbres que su marido tenía el derecho, incluso el deber, de despedirla, sin estar obligado a pagarle la suma estipulada, en caso de divorcio, en el contrato matrimonial. Había incluso mujeres tan estrictas que tampoco se descubrían en casa, como aquella Qimjit que, según se dice, vio a siete hijos llegar a sumos sacerdotes, lo que se consideró como una recompensa por su austeridad: "Que venga sobre mí (esto y aquello) si las vigas de mi casa han visto jamás mi cabellera". Sólo el día del matrimonio, si la esposa era virgen y no viuda, aparecía ésta en el cortejo con la cabeza desnuda.» Ver además la bibliografía allí citada.
  3. Plantilla:Cita Harvard «Es referida la sentencia de uno de los más antiguos escribas que conocemos, Yosé ben Yojanán de Jerusalén (hacia el 150 a. C.): "No hables mucho con una mujer", y después se añadía: "Esto vale) de tu propia mujer, pero mucho más de la mujer de tu prójimo". Las reglas de la buena educación prohibían encontrarse a solas con una mujer, mirar a una mujer casada e incluso saludarla; era un deshonor para un alumno de los escribas hablar con una mujer en la calle. Una mujer que se entretenía con todo el mundo en la calle, o que hilaba en la calle, podía ser repudiada sin recibir el pago estipulado en el contrato matrimonial.»
  4. Plantilla:Cita publicación
  5. Plantilla:Cita publicación
  6. Plantilla:Cita enciclopedia
  7. Plantilla:Cita libro
  8. Plantilla:Cita libro
  9. Plantilla:Cita libro
  10. 10,0 10,1 Plantilla:Cita libro
  11. 11,0 11,1 Plantilla:Cita libro
  12. 12,0 12,1 Plantilla:Cita libro
  13. Plantilla:Cita libro
  14. Plantilla:Cita libro
  15. 15,0 15,1 15,2 Plantilla:Cita libro
  16. Plantilla:Cita Harvard «La carta (a los Romanos) ofrece una buena visión de la misión paulina por dentro, indicando la gran cantidad de colaboradores que intervinieron en ella, entre los cuales se incluían numerosas mujeres. Febe se presenta como una protectora de la misión paulina en Cencres, el puerto oriental de Corinto, habiendo dado hospitalidad a Pablo y a otros muchos y habiendo ejercido un patronazgo de servicio para la comunidad cristiana que se congrega en su casa (16,1-2).»
  17. Plantilla:Cita Harvard «Prisca, la esposa de Áquila (16,3-5); María (16,6); Junia, emisaria junto con su esposo Andrónico (16,7), precioso testimonio de un matrimonio de emisarios, conforme a la práctica mencionada en 1 Corintios 9,5; la pareja de Trifena y Trifosa, probablemente hermanas (16,12a); Pérside (16,12b); la madre de Rufo, en cuya casa fue huésped Pablo (16,13); Julia y la hermana de Nereo (16,15).»
  18. Plantilla:Cita Harvard «Ese dato sobre las mujeres colaboradoras se debe en gran medida a que la casa, ámbito principal de la actividad de las mujeres, era la base fundamental de la misión paulina. Pero testifica, al mismo tiempo, la vigencia en la misión paulina del principio mesiánico de la igualdad del varón y de la mujer (Gálatas 3,28; 1 Corintios 11,11-12).»
  19. 19,0 19,1 Plantilla:Cita Harvard «Eso determinó el típico carácter familiar de las comunidades cristianas antiguas [...] Esas comunidades domésticas podían estar presididas tanto por varones como por mujeres, demostrando así la efectividad del principio mesiánico de la igualdad entre el varón y la mujer dentro de las comunidades paulinas. La comunidad de Cencres se congregaba en la casa de Febe, que era la patrona de la misma y la que daba hospitalidad a los miembros de otras comunidades que pasaban por aquella población portuaria tan transitada, al igual que ella debía recibirla ahora de la comunidad de Éfeso en su viaje a esa ciudad (16,1-2). La comunidad completa de Corinto podía congregarse en la amplia casa de Gayo (16,23). La lista de saludos de 16,3-15 menciona varias comunidades domésticas en Éfeso, dando a entender así la amplitud de la comunidad cristiana en esa ciudad: la que se congregaba en la casa de Prisca y Áquila (16,5), y probablemente también las que se congregaban en la casa de Aristóbulo (16,10), en la casa de Narciso (16,11), en la casa de Asíncrito (16,14) y en la casa de Filólogo (16,15).»
  20. Plantilla:Cita libro Así la mencionan Ambrosiaster, Juan Crisóstomo, Rufino de Aquilea, Jerónimo de Estridón, Teodoreto de Ciro, Pseudo-Primasio, Ecumenio (Oecumenius), Juan Damasceno, Haymo de Halberstadt, Rabano Mauro, Hatto, Lanfranc de Bec, Bruno de Colonia, Pedro Abelardo y Pedro Lombardo.
  21. Plantilla:Cita libro «Junias es nombre de varón, lo que hace fácilmente comprensible la última parte del versículo. Pero Iounian también podría traducirse por Junia, nombre de mujer, que algunos antiguos comentaristas tomaron como nombre de la esposa de Andrónico. Además, el papiro 𝔓46 y algunas versiones (la Vulgata, la versión bohaírica (copta) de la Biblia, la versión etiópica de la Biblia) leen "Julia". La mayoría de los modernos comentaristas, sin embargo, lo toman como nombre masculino.»
  22. Plantilla:Cita publicación
  23. Plantilla:Cita Harvard «Es posible que hacia el final de su encarcelamiento (en Éfeso) Pablo fuera condenado a la pena capital, ya que en ese momento contó con su muerte segura (2 Corintios 1,8-9). Pero en esa difícil situación es liberado gracias a una arriesgada intervención de Prisca y Áquila (Romanos 16,3-4).»
  24. Plantilla:Cita libro
  25. Plantilla:Cita web
  26. Plantilla:Cita libro Raymond Brown señala que el 80-90 % de la crítica considera pseudónima la Primera epístola de Timoteo (página 844) y que el 80 % más o menos de la crítica considera pseudónima la Epístola a los efesios (página 804).
  27. Plantilla:Cita Harvard «La argumentación del texto es muy confusa, apareciendo en ella saltos, argumentos dispares e incluso incongruencias, debido a que Pablo mismo, durante el dictado, tuvo que ir matizando e incluso corrigiendo afirmaciones anteriores suyas que no le parecían muy convincentes.»
  28. Plantilla:Cita publicación
  29. Plantilla:Cita libro
  30. Plantilla:Cita Harvard «Probablemente, la comunidad corintia aplicaba a la celebración cristiana unos gestos religiosos frecuentes en el mundo helenista [...] las mujeres desvelaban su cabeza, demostrando así su posesión por el Espíritu, mientras que los varones se la cubrían con el manto, mostrando así su ingreso en un ámbito misterioso.»
  31. Plantilla:Cita Harvard «En un primer momento, utiliza como argumento el orden jerárquico tripartito «Dios/mesías/hombre», desdoblando el último elemento en «varón/mujer», para posibilitar su aplicación a la cuestión planteada (11,3). Esa distinción entre varón y mujer se desarrolla con diversos argumentos de la tradición judía y de la cultura helenista en cuanto al motivo concreto de llevar o no cubierta la cabeza las mujeres y los varones (11,4-10). Ese tipo de argumentación se corta y se corrige en 11,11-12, porque Pablo se da cuenta de que no cuadra con la tradición cristiana bautismal sobre la nueva humanidad mesiánica, en la cual han quedado superadas las divisiones de la humanidad vieja entre el varón y la mujer (Ga 3,26-28). Esto obliga a iniciar una nueva argumentación en 11,13-15, fundada ahora en el principio helenista del orden natural. Pero, ante la incongruencia también de esta nueva argumentación, Pablo, un tanto molesto ya, concluye con el único argumento práctico de la costumbre de sus comunidades (11,16). Según el análisis anterior, lo único que queda como válido de toda la compleja argumentación del texto es, en definitiva, el principio mesiánico intocable sobre la igualdad de rango entre el varón y la mujer (11,11-12) y la práctica de las comunidades (11,16). Teniendo en cuenta el trasfondo de la práctica corintia indicado anteriormente, quizá se podría decir que el centro real de la argumentación paulina es la novedad de la celebración mesiánica, que no consiente los viejos gestos de las celebraciones paganas.»
  32. Plantilla:Cita libro
  33. Plantilla:Cita libro
  34. Plantilla:Cita Harvard «"Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3,28). Ante la cantidad de tabúes que dan lugar a las diferencias sociales mencionadas en este pasaje, se puede calibrar la magnitud del avance [...].»